Querida Yo:
- Val Lopez
- 23 sept 2023
- 3 Min. de lectura
Me siento como si me hubieran vaciado por dentro, creo que vivo las cosas con demasiada intensidad y así me pasa que cuando aterrizo en la realidad mi energía se queda esparcida a lo largo de la pista. Me gustaría volver a encontrarme conmigo pero creo que me metí demasiado pronto en un mundo donde apenas hay tiempo para mirar las estrellas.
Recuerdo las noches que aun siendo adolescente, me encantaba pasar las horas asomada a la ventana mientras todos dormían y mi mente divagaba con la mirada perdida en los claros de luna; lo que más me gustaba de aquella niña era su gran imaginación, siempre fue una creadora de sueños aunque la vida se le fuera tras ellos.
Siempre soñó con vivir un gran amor, con formar su propia familia, ella creía en el felices para siempre, ella creó su propio cuento pero no importa lo que ella quisiera porque el destino actúa siempre a su libre albedrío.
Siempre se habla de los cuentos de princesas, de los sueños que tenemos las mujeres de ser rescatadas por un caballero de blanca armadura que luche contra nuestros demonios, un caballero que nos brinde un infinito amor y una vida repleta de momentos felices pero yo me pregunto ¿que clase de sueño tienen los hombres? tal vez sueñen con una princesa que les brinde amor, sexo, una familia y confort, no lo sé a ciencia cierta pero imagino que unos y otros deseamos más o menos lo mismo.
Claro que no necesitamos que nadie nos baje la luna, sin embargo yo ya estoy un poco harta de bajarme la luna sin ayuda de nadie, harta de mostrarme fuerte cuando lo que quiero es llorar, harta de demostrar a todo el mundo que soy autosuficiente y yo me pregunto ¿ acaso somos tontos o qué? Por supuesto que todos somos autosuficientes pero todos necesitamos de todos.
Yo reivindico mi papel de princesa en el que un príncipe se muera de amor por mí y vele mi sueño, un príncipe que luche contra los demonios a mi lado, un príncipe que me cuide y me proteja en la misma medida que yo lo haría con él, un príncipe que ría y llore conmigo, un príncipe que acaricie mis arrugas y a pesar de ellas le siga pareciendo bella, un príncipe de carne y hueso, con sus luces y sus sombras, un príncipe que me baje la luna cuando a mi me falten las fuerzas, alguien que quiera permanecer en mi pupila para siempre.
Claro que creo en los cuentos, hay demasiados cuentistas. Claro que existen las brujas, esas que embrujan y te rompen la vida y están los encantadores, esos que hechizan, te roban el corazón y lo reducen a cenizas, también existen los ogros que locos y sin razón te quitan la vida, hay reinos de paz y reinos en guerra pero también hay príncipes y princesas que piensan que las cosas buenas son infinitamente mejores cuando se comparten y las cosas malas no son tan malas si se combaten entre dos.
Y después de tanto cuento esta mujer independiente, libre, fuerte, guerrera, combatiente, acostumbrada a caminar entre piedras, experta en remendar su corazón, resurgida mil veces entre las cenizas reivindica su cuento y su papel de princesa porque de brujas y ogros está el mundo lleno.
Nunca olvidaré aquellas noches en las que el claro de luna reflejaba lo mejor de mí.
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