top of page

Mis Gatos!

  • Foto del escritor: Val Lopez
    Val Lopez
  • 7 oct 2021
  • 2 Min. de lectura

Lo reconozco: quiero más a los gatos que a las personas!

Tras una larga convivencia con mis gatitos he descubierto que me llevo con ellos mejor que con cualquier persona. Y eso que rompen mis cosas, manchan mi ropa y me castigan con su indiferencia. Pero es exactamente por eso también por lo que los amo tan profundamente.

Los gatitos son preciosos. Así, a secas. Son un espectáculo, una obra maestra del diseño vanguardista, algo parecido a lo que harían Darwin, Versace y Velázquez si les pidiesen que creasen conjuntamente una criatura. Cualquier gato (desde el callejero enfermo y triste hasta el persa con pedigrí que ha costado casi mil dólares a una persona cruel que prefirió comprar a adoptar) da lecciones de pose, movimientos y carisma a la mejor modelo del mundo.

Nunca estoy seguro de si mis gatos me quieren. No sé si se acurrucan junto a mí porque les gusta estar conmigo o porque mi cuerpo desprende calor. No sé si se rozan contra mi pierna porque les gusta mi tacto o porque me están marcando como propiedad con sus feromonas.


Lo que sí sé es que el amor que yo les tengo a ellos no se parece a ningún amor que pueda tener con un ser humano, ya que (a menos que seas un codependiente emocional con adicción a las relaciones tóxicas y destructivas, que todo puede ser) el ser humano no se propone seguir amando incondicionalmente a alguien que no le ame a cambio. Así de idiotas somos. Los gatos me enseñaron a no esperar nada a cambio. Esa sensación les hace libres a ellos, pero sobre todo me hace libre a mí. O eso o tal vez el codependiente emocional con adicción a las relaciones tóxicas y destructivas sea yo.


Los gatitos ronronean. Ni siquiera los científicos tienen muy claro por qué ni cómo lo hacen, pero sí saben cuándo lo hacen: en la mayoría de los casos, cuando están felices. ¿Te imaginas lo fácil que sería el entendimiento humano si nosotros también ronroneásemos, si pudiésemos demostrar la felicidad, la tranquilidad y la paz con un sonido tan relajante? “No ronroneas, ¿qué te pasa?”, se preguntarían las parejas. “Ya está ronroneando, apaguemos la luz”, dirían los padres primerizos. “Ya ronronea muy fuerte, no le sirvas otro ron”, murmurarían los camareros. Ojalá nosotros también pudiésemos ronronear.


Los gatitos me hacen sentir muchísimo más cerca de la naturaleza. Qué cursilería, ¿no? Y que quede claro que no es porque me dé largas caminatas con ellos por el campo, no. Pero cada noche, cuando veo que sobre mi cama hay un enorme gato negro que parece una pantera, un gato de rayas que parece un tigre, una pequeña gata del color de una leona, mi vaquita black and white con un corazon en el costado, en fin, me siento muy privilegiada por poder compartir mi espacio con criaturas tan extraordinarias. A veces, cuando hace frío, se meten en la cama y puedo abrazarme alguno y siento que me estoy abrazando a la mismísima jungla. Eso es un regalo inmenso que no todo el mundo valora ni experimenta.



 
 
 

Entradas recientes

Ver todo
Valgo!

Me encantó lo comparto con mucho respeto. Te recomiendo leerlo cuando tengas tiempo, tranquilamente para disfrutarlo..♥️♥️♥️ Es una...

 
 
 
Introspecionando ando

Hace rato no publicaba nada desde mi manifiesto pero no significa que no escriba, es mi forma de catarsis y aunque aveces no escribo por...

 
 
 
Mi Manifiesto

El día que me toque partir de este mundo, quiero que mis deseos queden claros, no en lo material, sino en lo que de verdad importa: cómo...

 
 
 

Comentarios


Publicar: Blog2_Post

Formulario de suscripción

¡Gracias por tu mensaje!

63074507

©2020 por La gata que escribe. Creada con Wix.com

bottom of page