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Lo que nadie te cuenta de la amistad.

  • Foto del escritor: Val Lopez
    Val Lopez
  • 9 oct 2021
  • 6 Min. de lectura

He hablado muchas veces de que, en mi opinión, una de las claves para entendernos mejor con los demás y evitar que su comportamiento nos haga sentir mal es darnos cuenta de que eso que esa persona ha hecho, lo que sea "es suyo, no mío". Es decir, que si alguien no te trata como te gustaría, que si alguien hace algo que no esperabas o se aleja de ti sin darte ninguna explicación, eso es suyo, y no tuyo. Que lo que sea que le esté pasando a esa persona y que le haya motivado a actuar así es suyo y forma parte de su proceso. Y, si no sabes distinguirlo y te lo tomas como algo personal , es cuando puedes sentirte mal.

Hoy quiero contar una historia personal en la que esa persona que se alejó sin dar explicaciones fui yo. En la que el problema, la dificultad o lo que fuera, lo tenía yo y era mío, no de la otra parte.

Hace unos años tuve la necesidad de tomar distancia de una persona a quien consideraba de mis mejores amigas y una de las personas más importantes de mi vida en ese momento ¿Por qué? Porque sentía que cuando me relacionaba con ella dejaba de ser la persona que quería ser. No me gustaban mis pensamientos y no me gustaba mi manera de juzgarla o de presuponer lo que ella iba a hacer o lo que iba a decir. Es decir, en ese momento de mi vida yo ya no podía ser la amiga que había sido y que quería ser para ella. Y no supe gestionarlo de otra forma, tan sólo tomando distancia, alejándome y dándome permiso para entender con perspectiva qué era lo que me estaba pasando.

Me he juzgado y me he culpado mucho por ello (a ratos me habría hecho falta un poco mas de autocompasión), porque sabía que mi comportamiento no era el que se esperaba de una buena amiga. Pero es cierto que en ese momento no supe hacerlo de otra manera. Que ya no podía ser la amiga que quería ser para ella y que tampoco sabía cómo decirle lo que me estaba pasando sin hacerle daño.

Seguramente alejándome también le hice daño. Y no sé si ella pensó eso de “esto es suyo, no mío” o pensó que tal vez ella había hecho algo mal. Porque cuando alguien tiene un comportamiento así, que no somos capaces de entender, cada uno lo interpretamos de una forma diferente.

Hay quien juzga al otro, le critica y le pone la cruz para siempre.

Hay quien se culpa a sí mismo y piensa que es la responsabilidad suya que el otro se haya comportado así. “Debo hacer hecho algo mal, igual fue por esto, o por aquello, o tal vez es que esperaba esto de mí y no se lo he sabido dar…”.

Y hay quien le pide explicaciones a esa persona. Unas veces desde una actitud de reproche y otras desde el dolor de quien se ha sentido dejado de lado.

En mi opinión, exteriorizarlo y querer saber los motivos es una de las mejores maneras de liberarnos de la culpa, del rencor o de lo que sea que se nos pueda quedar ahí clavado haciéndonos daño.

Pero, sobre todo, creo que la clave en una situación así es darnos cuenta de que el comportamiento de esa persona no tiene por qué tener nada que ver con nosotros. Por ejemplo, razonando si lo que ha hecho esa persona nos pasa a menudo con otras o está siendo algo puntual.

¿Acaso mi amiga se estaba quedando sola o estaba siendo dejada de lado por el resto de sus amigos? No, para nada. Ella seguía siendo la misma y seguía teniendo los mismos amigos de siempre. Era yo la única que se había alejado. Así que lo que fuera que estuviera pasando era mío, y no suyo (otra cosa es cuando la misma situación se repite en nuestra vida una y otra vez con diferentes personas. Entonces sí que puede que tengamos que buscar las respuestas dentro de nosotros. Pero éste no es el caso).

Es decir, y lo repito porque quiero que esto quede bien claro, lo que pasó era mío, y no suyo. Y yo era la que tenía que resolver lo que fuera dentro de mí, o darme cuenta de algo que no estaba viendo.


Desde luego que creo que no todos reaccionaríamos con tanta elegancia. Que, de hecho, todos alguna vez hemos juzgado o criticado a alguien por tomar distancia, por elegir otro camino, por alejarse sin darnos más explicaciones… Que tal vez hemos pensado que esa persona es mala, que no es una buena amiga (amigo, pareja, hermano, hijo o el rol que sea), que no se ha portado bien…

Y este post también pretende ser una invitación a ver las cosas de otra forma. Tal vez a saber aceptar al otro, tal vez a ponernos en su lugar, tal vez a preguntarle, quizás a perdonarle... O simplemente a darnos cuenta de que puede haber muchos motivos para que haya hecho lo que ha hecho y que puede ser demasiado simplista calificar a una persona como "buena" o "mala", cuando las personas somos mucho más complicadas que todo eso. Y, sobre todo, cuando muchas veces ni la propia persona es capaz de entender por qué se está comportando así… Como para saber lo que está pasando los que lo vemos desde fuera, con nuestros prejuicios y nuestras creencias condicionando nuestra manera de mirar.

Sí, de entre las muchas cosas que creo que dificultan nuestras relaciones, creo que una de las peores son nuestras creencias y nuestras expectativas sobre cómo debería ser el otro. Nos atamos a que la vida tiene que ser de una manera, a que las personas tienen que ser de una forma, a que si te quiero no debería hacer esto, a que si me quieres deberías estar ahí siempre, a que si haces eso es que no te importo… Y muchas veces no nos permitimos ser nosotros mismos, sin tantas ataduras ni convencionalismos.

No nos damos cuenta de que las personas cambiamos y que sería maravilloso darnos permiso para actuar en consecuencia. Y, también, darle permiso al otro, sin juzgarle porque siga un camino diferente. Porque las personas evolucionamos y porque no todos lo hacemos en la misma dirección, ni al mismo ritmo, ni basándonos en las mismas inquietudes o los mismos valores.

Y, si es evidente que no con todas las personas encajas o conectas igual, también debería serlo que con el tiempo puedas dejar de conectar con alguien y, por eso mismo, termines alejándote. Cuando dejas de conectar con alguien pero te empeñas en mantener esa amistad por compromiso, por miedo, por costumbre o por lo que sea. De cuando te resistes a lo que sientes y te agarras a personas que ya no vibran como tú, que están en otro momento o que han evolucionado de forma diferente.

En definitiva, que pienso que deberíamos vivir el camino de la vida de las relaciones es una forma más natural, sin tantas reglas ni prejuicios. Sin atarnos a un entorno en el que ya no nos sentimos como antes, ya sea una pareja, un grupo de amigos o, incluso, la familia, porque creemos que no podemos distanciarnos, que no estaría bien.

Es natural, no pasa nada, es normal y tiene todo el sentido del mundo que haya personas de tu entorno con las que ya no estés tan a gusto y que de repente haya alguien con quien conectas un montón y sientes que puedes ser tú mismo, y que te apetezca mucho más quedar con esta persona que con alguien que conoces de toda la vida. ¿Y qué? ¿Qué hay de malo en ello? En mi opinión, los lazos del amor no están hechos de sangre, ni de costumbre, ni de tradición, ni de tiempo…

Yo misma me doy cuenta de que antes era mucho más rígida sobre cómo tenía que ser un amigo o una amiga. Y de que ahora he aprendido a aceptar más, a fluir, a dejar que cada uno sea como quiera ser y a permitir que en cada momento de mi existencia haya seres nuevos con los que compartir, a los que aportar y que me aporten lo que sea que en ese momento me ha tocado vivir…

 
 
 

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