La amistad Si existe
- Val Lopez
- 30 jul 2021
- 3 Min. de lectura
Los amigos que tienes y cuya amistad ya has puesto a prueba, engánchalos a tu alma con ganchos de acero.
William Shakespeare.
Hoy volveré a hablar de la amistad. Una palabra mágica, cargada de sentimiento. Puedo decir sin temor a equivocarme que la amistad es el tesoro más preciado que el ser humano puede tener.
La amistad tiene una importancia relevante en la vida de un ser humano. No obstante, hoy en día es muy común ver como muchos la ignoran, considerándola como un sentimiento encargado solamente de llenar los ratos libres de la vida. En este mundo convulso cada día son menos los que admiran la verdadera Amistad y por tanto cada vez son menos los que la experimentan. Las maldades y mediocridades humanas han aumentado tanto que muchos han llegado a creer que la amistad no existe.
Pero en este mundo de cosas caras, personas baratas, valores en rebajas y sentimientos en liquidación, puedo afirmar que la amistad SI existe (aunque escasee), todavía existimos muchas personas que apostamos por ella. Señores, quien sea incapaz de sentir amistad, tiene más de bestia que de hombre.
La fuerza de la amistad es uno de los mayores motores que mueven al conjunto de la humanidad, por que nos ayuda a sentirnos llenos de vida, más alegres y seguros, para actuar bien, como buenas personas, lo cual nos permite tener confianza en nosotros mismo y avanzar, hacia un futuro mejor, que es la meta de todas las personas. El amor sabe compadecer pero la amistad sabe curar. Esto no quiere decir que hay que tener muchos amigos, sino verdaderos amigos. Como decía Aristóteles: “Quien se dice amigo de todos, no es amigo de nadie”. Y es cierto.
Lo que sucede es que la palabra ‘amigo’ la hemos desgastado enormemente. Se le usa de manera indistinta para referirse a un conocido, a un compañero, a un vecino, a un colega… ¡ah!, y también para un verdadero amigo. Creo que aquí empieza el verdadero problema. El apelativo de “amigo” se confunde con otras muchas designaciones de rol social que en definitiva no son amigos.
Un amigo es un alma pura, es muchas cosas para nosotros, pues es confesor, cómplice, a veces padre y madre, pero siempre nuestro mejor apoyo en todo momento. Ellos nos dan su amor fraternal como si fuera oro.
Interesarse genuinamente por la vida de otra persona y actuar congruentemente a ese interés es lo que hace nacer una Amistad.
La familia o “la sangre” que tenemos es una sola, la que nos ha tocado, con sus ventajas y desventajas, y esa nunca se pierde. Hay casos en donde la familia abusa, maltrata y/o desmerita y creen que lo tienes que soportar porque son familia. ¡Qué equivocados están! Pero los amigos. ¡Ah! los amigos… son la familia escogida. Las personas que decidimos que nos acompañarán en la travesía de la vida. Un amigo, una verdadero amigo, no te deja de hablar porque no pudiste llegar a tiempo a su fiesta de cumpleaños, o a su acto de graduación o porque no te cayó bien su novio. No hay el “tienes que…”. Todo sale de nuestro corazón, no hay obligaciones. Esa es la parte más hermosa de la amistad.
Yo tengo la suerte de experimentar la verdadera amistad, y eso es una auténtica fortuna. Con esta confesión no quiero decir que tenga muchos amigos, de hecho tengo muy pocos, poquísimos. Todos sabemos que los amigos de verdad pueden contarse con los dedos de una mano. Eso es algo que todos hemos podido comprobar en los momentos difíciles. Lo que les puedo asegurar es que no son muchos, pero sí incondicionales. Personas que están ahí para lo que necesite.
Los amigos son más familia que la familia. Es la persona a quien llamas cuando estás metida en un gran problema y no puedes recurrir a tus padres, o la que se toma unas copas contigo porque te rompieron el corazón, aunque ella esté en el mejor momento de su relación de pareja. Es la que odia cuando tú odias. La que ama cuando tú amas. Pero también la que te reprende o a la que tú reprendes. Y no me limito solo a las amigas. Tengo la fortuna de tener amigos tan cercanos como mis hermanos. Amigos protectores, divertidos y a veces a los que tengo que reprender también. Soy bastante afortunada.
Mis grandes amigos de hoy los conocí en situaciones inesperadas, simples, fugaces, pero eso no impidió que entraran a ser parte de mi vida. Sé que ellos creen en mí, sé que siempre serán mi apoyo, mi familia elegida, mi amor fraternal, quienes me hacen fuerte, me dan el coraje que necesito, me dan alegrías y me acompañan en la tristeza. Con ellos soy verdaderamente yo. Son mis hermanos por elección.
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