El gran problema
- Val Lopez
- 1 feb 2024
- 2 Min. de lectura
El problema es que se nos enseñó a no tener problemas. Aún cuando eso nos implicara ceder más allá de la cordura y permitir acciones y conductas poco sanas para nuestro ser y nuestro entorno.
Entonces vamos por la vida "dejando pasar" mentiras, intromisiones, desdenes, faltas de respeto y toda clase de conductas que nada tienen que ver con el amor, el respeto y el cuidado propio.
En nombre de la paz se están permitiendo atrocidades. Porque una "paz" que se sostiene en la omisión, el silencio, la abnegación, el miedo y la subordinación de las necesidades y límites del otro, no es paz: es anulación.
A menudo me encuentro con personas que "con tal de no pelear" con su familia, con su pareja o con sus amigos, terminan autoanulando sus deseos, sus planes, sus proyectos y sus necesidades personales para complacer y "estar en paz" con los demás.
Claro está que con el tiempo, todo lo callado, todo lo permitido y todo lo autoanulado nos pasa factura, y ese límite que no pusimos, esa distancia que no tomamos y esa palabra que no dijimos, terminan emergiendo en una explosión de gritos, portazos y cantaletas infinitas sobre cuánto nos hemos sacrificado y sobre lo hartos que estamos, además de tener que enfrentar las correspondientes consecuencias emocionales, físicas y económicas de todo lo que permitimos y no paramos a tiempo.
Si la "tranquilidad", la "paz" y la "armonía" en tus relaciones está sostenida por tu abnegación, tu silencio y tu sometimiento, cuestionate si esa persona y ese vínculo realmente valen tu energía, tu entrega, tu salud, tu economía, tu paz mental y tu pena.
Bendito sea el enojo, el grito, el portazo, el llanto y la confrontación que nos hacen poner fin a los ciclos de abuso.
Benditos sean los "problemas" que nos hace decir: hasta hoy, hasta acá y hasta aquí te permito.
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